¿Cambiar para seguir iguales?


Lorenzo Meyer: Agenda Ciudadana.Periódico Reforma. México D. F. a 4 de enero de 2007.

 

Hasta el momento, va ganando quien señaló: "Es necesario que todo cambie para que todo permanezca igual"

 

Alternativas de interpretación. Comparando la textura política, social, cultural y económica de México al momento de nacer como nación independiente y la actual se puede llegar a la conclusión de que el cambio es enorme. Y sin embargo, mirando con mayor cuidado, se puede apreciar que hay más semejanzas entre lo pasado y lo presente de las que nos gustaría admitir. Y es que, en buena medida, en México se ha seguido a fondo la famosa máxima del príncipe de Salina, el personaje de la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, que en la Italia garibaldina concluyó: "Es necesario que todo cambie para que todo permanezca igual".


En el origen del análisis político, en la Grecia clásica, el cambio histórico de los sistemas políticos tendía a interpretarse como un mero sube y baja de surgimiento, auge y decadencia, donde la regla era que el ciclo se repitiera una y otra vez sin salir de él. Por lo que a nuestro país se refiere, a veces pareciera que la interpretación griega es más acertada que la posterior, la formulada por los optimistas de la Ilustración, cuya confianza en el progreso era tal que no dudaron en desechar la vieja idea de que partiendo de una determinada condición, pasado el tiempo -completado el ciclo-, se volvería al punto de partida. Para los ilustrados, de los que somos herederos, la línea histórica no era circular sino bastante lineal y ascendente, es decir, una donde el presente es mejor que el pasado pero no mejor que el futuro. Ahora bien, ¿nuestra realidad confirma ese optimismo?

 
El análisis de un clásico. Hace más de medio siglo -54 años- Luis Villoro hizo un examen de la naturaleza política, social e ideológica de México al estallar el movimiento de independencia (El proceso ideológico de la revolución de independencia). En manos de Villoro, ese análisis del rejuego entre la economía, los intereses de clase y la ideología, no sólo dio por resultado una estupenda explicación del México de fines del siglo XVIII e inicios del XIX sino que, además, resulta igualmente útil para explicar al país actual.

 

Al filo de la guerra civil de independencia, se podían distinguir en nuestro país cuatro grandes grupos por su posición económica, política e ideológica. En la cima de la pirámide estaban los españoles y algunos criollos que, en tanto mineros y monopolizadores del comercio y del gobierno, estaban comprometidos con la defensa de la liga con España y de la economía exportadora de plata e importadora de los bienes demandados por las clases dominantes. Inmediatamente después estaban los criollos propietarios, ligados menos a la globalización de la época y más al mercado interno (hacendados, industriales y el grueso de los eclesiásticos). Descendiendo un escalón, se encontraban los criollos y mestizos que formaban eso que hoy se denomina la clase media. Finalmente, en la base, estaba la ancha faja -un verdadero mar social- conformada por los trabajadores del campo, de los pueblos y ciudades más los numerosos desempleados.


La visión del mundo -la ideología- de los cuatro grupos o clases sociales estaba marcada por algunos elementos comunes, como la religión y la lealtad a la Corona, pero lo relevante eran sus diferencias. Obviamente, para la élite de origen europeo, la Nueva España primero y México después, no requería de transformación sustantiva para seguir produciendo riqueza, apenas de mejoras en la administración. En cambio, para la élite criolla volcada y dependiente del mercado interno, sí se requerían reformas de orden económico y administrativo, en particular dos: poner fin a los monopolios y a las cargas que beneficiaban exclusivamente a españoles. Obviamente, tales cambios ya no abarcaban el orden social. La clase media tenía más aspiraciones que capacidades de satisfacerlas y, por tanto, era en ella donde se centraron las inconformidades, los deseos del cambio, especialmente en su parte ilustrada -personajes con educación pero sin grandes propiedades o empleos.

 

La parte más baja y ancha de esa sociedad, la habitada por indios y mestizos, tenía en común su miseria y su aislamiento. Buena parte malvivía de su mal pagado trabajo, pero había otra parte, creciente, que no estaba ocupada -los llamados vagos, léperos, malentretenidos- y que era un barril de pólvora social, pero sólo a condición de que algún agente externo despertara su conciencia, pues sin él se mantendrían buscando la supervivencia individual por cualquier medio, incluido el crimen, pero sin enfrentarse a la estructura de autoridad. En 1810 ese agente resultó ser justamente la clase media descontenta. El estallido se dio al combinarse la llama del descontento clasemediero con la pólvora social del pobrerío. Al mezclarse esos dos factores, llegó el fin a un régimen de tres siglos.


La repetición. El análisis de Villoro para 1810-1821, y que arriba se sintetizó, se puede duplicar sin muchos cambios para explicar lo acontecido un siglo más tarde, entre 1910 y 1920, pero también -y de ahí lo actual, interesante y preocupante del enfoque- para interpretar la naturaleza de nuestra propia época.


El control económico del México actual, y, cada vez de manera más clara, el político y cultural, lo tiene un grupo que, por la vía de prácticas monopólicas o cuasi monopólicas en las comunicaciones, los medios de difusión, la banca y ciertas actividades de exportación, ha acumulado fortunas inmensas, fuera de toda proporción con las dimensiones y el estado de la economía y de los estándares de equidad. A semejanza de la élite europea y criolla novohispana, para la oligarquía actual, lo único que debe cambiar es la eficacia administrativa, pues el modelo social y cultural mexicano es perfectamente funcional a su tipo de acumulación.


Obviamente, hay una serie de diferencias entre esta pequeña y muy poderosa oligarquía y los grupos empresariales más amplios que viven básicamente del y para el mercado interno. Como a inicios del siglo XVIII, este segundo grupo se ve afectado por los monopolistas que le hacen pagar las comunicaciones, la publicidad, el cemento o el crédito y servicios bancarios, a un precio más alto que sus contrapartes en otras latitudes. Cada vez es más clara la crítica en términos del capitalismo a esos poderosos que, merced a sus contactos privilegiados con las altas esferas gubernamentales, acumulan cada vez más en detrimento del resto. Sin embargo, a este nivel, el ideal de cambio sigue siendo básicamente de orden político-administrativo y no hay mayor inconveniente en que la estructura social se mantenga más o menos como está, aunque con menos pobres, para que el mercado interno sea más redituable.


De nuevo, como hace dos siglos, la clase media, relativamente beneficiada por la Revolución Mexicana, se vuelve a ver hoy sometida a la falta de empleo bien remunerado, a problemas de movilidad social y al sentimiento de inseguridad. Es en sus zonas más ilustradas donde se incuban las ideas más radicales, aunque no revolucionarias, en torno al cambio político y social. Es de aquí de donde han surgido los impulsos para organizar y movilizar políticamente a los amplios sectores empobrecidos, que hoy se concentran, más que antes, en las ciudades.


De nuevo en los sectores mayoritarios y pobres hay una enorme masa de subempleados y desempleados que podrían ser aún más de no existir la migración a Estados Unidos. El temor a la posibilidad de una movilización del "México profundo" por un liderazgo de clase media, con una ideología que diera sentido a la acción política de los antiguamente despolitizados sectores populares, fue la razón del esfuerzo de las élites y de las partes conservadoras de la clase media para impedir que el recién estrenado régimen político democrático fuera a ser la vía para proceder a una modificación del sistema social. Esa posibilidad de cambio por el camino de las urnas fue calificada desde el poder en el 2006 como "un peligro para México" y se procedió en consecuencia. Los poderosos, encabezados por el propio Presidente, diseñaron y llevaron a cabo, por medios legítimos e ilegítimos, lícitos e ilícitos, abiertos y escondidos, una enorme campaña del miedo y finalmente dijeron haber ganado las elecciones por un milagroso medio por ciento.


Hoy, los ganadores se disponen a manipular las instituciones de gobierno con la misma lógica que lo hicieran en 1808 el rico español Gabriel de Yermo y sus seguidores al deponer a un virrey considerado "blando". Intranquilos, buscaron neutralizar así a "las clases peligrosas". En esta antigua Nueva España hay quienes insisten en que "Es necesario que todo cambie para que todo permanezca igual". Pero también están los otros, y la pugna va a seguir.

 

Artículo seleccionado y reproducido para apoyo de las materias:

Historia de México y Ciencias Políticas y Sociales

por los profesores: Héctor Bernal González y Susana Huerta González.

LA INDEPENDENCIA, HISTORIA DE LA PROPIEDAD DE LA TIERRA EN MÉXICO (S XIX): La Reforma avances y contradicciones.

 
Adaptado para apoyo materia HISTORIA DE MÉXICO I

Profesora Susana Huerta González

 

Ezcurra analiza esta etapa histórica, de manera muy general, que si no se interpreta con cuidado puede generar falsas interpretaciones.  Señala que la guerra de independencia no generó cambios en la ciudad y por supuesto que no podía motivar cambios, pues la situación económica y política tenía como propósitos fundamentales lograr la emancipación de España.

Señala Ezcurra que los cambios más importantes en esta etapa histórica, se darán hasta con las leyes de Reforma, y como efecto de la ley de desamortización (1856), ya que esta ley sienta las bases para modificar las formas de propiedad coloniales. 

Veamos porqué Ezcurra plantea eso: desde la colonia la iglesia había acumulado la propiedad de la tierra y las empleaba para realizar actividades no económicas (templos, conventos, etc.). Desde el prehispánico, otro sector que poseía tierra eran los indígenas y campesinos y tampoco la empleaban para producir para el mercado, pues sólo eran para el autoconsumo, debido al nivel de pobreza en que estaban sumidos.

O sea que ninguna de esas dos formas de propiedad de la tierra producían para el mercado y para el desarrollo capitalista era fundamental que la producción agrícola sirviera para desarrollar el intercambio, incentivar el consumo y ampliar la distribución tanto de dentro como de fuera del país.

EXPLICACIÓN DE LOS ANTECEDENTES DE LA DESAMORTIZACIÓN:

La guerra de independencia lleva en su interior una demanda importante sobre la propiedad y el uso de la tierra, pero, al consumarse la separación de España, va a pasar todavía medio siglo sin producirse cambios significativos y ellos se darán a través de las Leyes de  Reforma que van a modificar una parte de la tenencia en el campo, pero sin tocar las condiciones de vida de campesinos e indígenas, pues ellos mantendrán sus condiciones de pobreza, porqué, veamos:

Uno de los efectos de la desamortización, será reforzar la monopolización de mayores extensiones de tierras en manos de nuevos propietarios, esto es, las haciendas continúan creciendo, así como los latifundios; el gobierno de Porfirio Díaz al final del siglo XIX fortalece la anterior política, con diversas leyes, además busca incentivar la exportación, por ello    favorece el crecimiento de las haciendas y promueve que sus productos sean para enviarlos al extranjero, lo cual puede hacerse a través de tecnificar a haciendas y ranchos, principalmente en el norte del país.

Lo anterior se promueve a través de despojos a los campesinos y de someterlos a formas de explotación inhumana: en el sur del país las haciendas azucareras invaden pueblos enteros y en el norte, el valle del Yaqui es agredido con brutalidad a través de las armas y desarraigando a sus pobladores.

En otro momento se analizará lo relativo a la propiedad de la iglesia, pues en este ensayo nos concretaremos a estudiar lo que compete a la propiedad de campesinos e indígenas.

HISTORIA DEL PROBLEMA DE LA CLASE CAMPESINA:
 
Los campesinos vivían condi­cionados por dos factores principales: el de la distribución de la tierra y el del régimen de trabajo. Respecto al primero dire­mos que la propiedad territorial en México se configuró desde la época colonial al quedar concentrada en manos de la Co­rona. Así quedó la realenga integrada por más de un 25% del territorio; la eclesiástica, que beneficiaba a un corto número y que comprendía algo más de 30%; la privada en manos de contadas familias con un 25% y la comunal y pequeña propie­dad que comprendía menos del 20%.

La estructura social de México mantuvo una oligarquía desde el siglo XVI,  a la cual se unían nuevos ingresados penin­sulares, quienes a través del mayorazgo monopolizaron gran­des extensiones de tierra. La clase de los terratenientes rura­les, hacendados herederos de los estratos superiores de la no­bleza virreinal, era la más respetada. Podían invertir en otros bienes, pero la hacienda les daba prestigio económico, social y político. Este grupo se mantendrá incólume, más aún, se incrementará con el tiempo. A los latifundistas criollos se unirán los extranjeros.

La propiedad realenga o  nacional a partir de 1821 se co­menzó a fraccionar por dos razones: l) por un aumento de­mográfico y 2) por la idea que se tuvo de movilizar ese fuerte resorte de la economía que es la tierra, incorporándola al desarrollo económico general del país.

En 1824 se procedió a la venta y colonización de los terre­nos baldíos, dividiendo el producto entre Estados y Federa­ción; se enajenaron grandes extensiones nacionales y eclesiásti­cas a políticos y exfuncionarios, hasta que intervino la federación y quitó el control a los Estados.

La propiedad comunal, civil y eclesiástica se mantuvo hasta 1856 en que se expidió la Ley de desamortización, la cual afectó a la propiedad eclesiástica, pero también a las comuni­dades indígenas que empezaron a perder sus propiedades ante la expansión de rancheros criollos y mestizos y de hacendados. En 1863 Juárez dictó en San Luis Potosí la Ley de 20 de julio sobre ocupación y enajenación de terrenos baldíos. Por ella se concedía derecho a ocupar hasta 2 500 hectáreas de tierras que se comprarían a bajo precio con la obligación de poblarlas con un mínimo de una persona por cada 200 hectáreas. Dada la situación reinante, esta ley no tuvo efecto alguno.

Con el fraccionamiento de la propiedad eclesiástica y de co­munidades de indios, los hacendados se fortalecieron. La im­posición de capitales formados en el comercio y en la propie­dad territorial, abrió a ésta nuevas posibilidades. Los extranje­ros se sumaron a los latifundistas existentes y así surgió la oligarquía hacendista del régimen de Díaz.

Como la población creció y el número de campesinos pre­sionó a las autoridades a buscar tierras disponibles, el 15 de diciembre de 1883 se promulgó la Ley de colonización y des­linde de terrenos baldíos, por la cual se crearon compañías deslindadoras. Éstas se integraron con comerciantes, terrate­nientes, extranjeros, políticos y su finalidad era la de señalar y deslindar los terrenos baldíos para ponerlos a disposición de los campesinos mediante su venta. La Ley otorgó a las compa­ñías, por compensación de sus servicios, una tercera parte de las tierras deslindadas y el resto lo puso en venta.

Dada la mala fe, la ambición de los deslindadores y el poco cuidado que se tuvo con esa labor, las Compañías señalaron como baldíos tie­rras propiedad de pueblos, iniciando su despojo. El Estado re­cibió muy cortas ventajas y las tierras vendidas quedaron en manos de unas cuantas personas que las adquirieron en condi­ciones favorables. En 9 años se deslindaron 38 249 373 hectá­reas. Poco más de 12 millones pasaron al Estado y el resto quedó en manos de particulares.

Algunos datos muestran ese enorme despojo. California tiene poco más de 15 millones de hectáreas; de ellas Luis Huller obtuvo 5 387 157; Flores y Hale 1 946 455; Adolfo Bulle y socios 1 053 402 y Pablo Ma­cedo 3 620 532. Así ellos obtuvieron más de 12 millones; el resto pertenecía a los pueblos, caminos y zona federal y peque­ñísimas propiedades de los habitantes. En Chihuahua Valen­zuela obtuvo 6 954 426 y Del Campo Hermanos 6 000 000; en Sonora Bulle 655 522 y Peniche 2 188 074; en Durango Asúnsolo 1 043 099; en Tabasco Valenzuela 743 331 y así en otros lugares.

La oposición a ese enorme despojo, que fue el trabajo de las deslindadoras, desencadenó la violencia. En Pihuamo en 1889 se rebelaron numerosos campesinos. Los yaquis y los mayos de Sonora se disgustaron e iniciaron sus revueltas que serían dominadas a sangre y fuego.

La ambición sin límites de los latifundistas los cegó al grado que en 1894, el eminente porfirista Pablo Macedo desechó la obligación de colonizar y trató de consolidar en forma efec­tiva, absoluta y eterna la propiedad.

Ante esos excesos, en 1896 se comenzó a estudiar una ley que garantizara fundamentalmente la propiedad indígena. Esta ley paternal autorizaba a dar a los labradores pobres la propiedad de las tierras que estuviesen en su poder, a los pue­blos los sitios en donde se asentaban y a defender las tierras de servicios públicos. Como esta ley fue de muy corto conte­nido, no prosperó. Los deslindes se terminaron de 1900 a 1904. De las tierras nacionales se otorgaron 43 309 títulos de los cuales 30 767 fraccionaban ejidos; en 18% fue a adjudicatarios de baldíos, el 4% a compradores de terrenos nacionales; el 2% a colonos y sólo un 1.67% a labradores pobres. A partir de esos años las comunidades indígenas y los pueblos de mesti­zos litigan por defender sus tierras. A los que se defendían se les llegó a calificar de comunistas y de constituir un peligro para la nación.

Ante esa situación que venía agravándose desde años atrás, en 1879 se celebró el Congreso de los Pueblos Indígenas de la República para defender sus tierras. Una serie de movimien­tos de cierta intensidad revela el descontento de la masa cam­pesina. Las rebeliones de campesinos por esa situación son nu­merosas en el siglo XIX y muchas de ellas tienen un entronque causal con la de la época colonial.
 
Algunas de ellas son: la de Teconapa, Guerrero, que se di­fundió en Guerrero y Puebla; en 1847 el levantamiento de la Sierra Gorda con un plan agrario dado en Río Verde el 14 de mayo de 1848, y el cual tiene un gran contenido social. Entre sus puntos principales destacan los siguientes:
 
l) El Congreso dictará leyes sabias y justas que arreglen la propiedad territo­rial bien distribuida, a fin de que la clase menesterosa del campo mejore de situación;

2) Se erigirán en pueblos las haciendas o ranchos que tengan de 1 500 habitantes arriba y los elementos de prosperidad necesarios;

3) Los arrendata­rios sembrarán la tierra a una renta moderada y no a partido y los propietarios repartirán los terrenos que no sembraren por su cuenta;

4). Los arrendatarios no pagarán ninguna renta por paisaje de casa, pastura de animales de servicio, leña, maguey, tuna, lechuguilla  y demás  frutos naturales del campo que consumen en  su   familia;

5) Los peones o alquilados que ocuparen los propietarios serán satisfechos de su trabajo en dinero o en efectos de buena calidad y a los precios corrientes de plaza.

Ante las rebeliones, el Gobierno de aquellos años solicitó a la Dirección de Colonización un estudio, del cual se despren­día que ellas eran provocadas por el despojo de que se hacía víctimas a los pueblos y que no podían evitarse por la repre­sión violenta, sino poniendo remedio a las causas. Terminaba el dictamen: "Las revoluciones sociales están ya reemplazando a las políticas y la sabiduría de los gobiernos debe mostrarse en prevenirlas, en remover sus causas más o menos próximas... El hambre y la desesperación tienen un poder que excede al de todos los gobiernos de la tierra."

Los constituyentes de 1857 desatendieron el problema de la tierra por su exagerado criterio liberal. Salvo los votos de Pon­ciano Arriaga, de Isidoro Olvera y de José María del Castillo Velasco en los que se proponían medidas prudentes para resol­verlo, no se escuchó voz ninguna en defensa de los campesi­nos. Por ello a partir de esos años y una vez que la República se restaura, las rebeliones campesinas aumentan. En 1869 apa­rece el Plan Agrarista de Tezontepec y se escuchan las voces de los indígenas de Nayarit que encabeza Manuel Lazada. En 1870 hay rebeliones en Chiapas, Puebla, Michoacán.

El año anterior había ocurrido la revuelta de Chávez López, quien aprehendido fue fusilado en la "Escuela del Rayo, y del Socia­lismo", que su grupo había creado en Chalco. Los continuos alzamientos de Miguel Negrete y de Tiburcio Montiel, que lo­graban adherir a sus huestes a numerosos campesinos, mues­tran cómo algunos dirigentes político-militares eran conscien­tes del problema que se agudizó día tras día. Las siguientes décadas a partir de 1870 están llenas de rebeliones surgidas en continuos lugares y por comunes causas.
 
En los sitios en que la población aumentaba, pero en donde también la tierra estaba más acaparada por unos cuantos hacendados, Morelos y Pue­bla, la tirantez fue mayor. Jovito Serrano, campesino delegado de los morelenses, pagó con el destierro en Quintana Roa su osadía de representar a miles de hombres y mujeres despoja­dos de sus tierras. Unido a él estuvo Emiliano Zapata quien, defensor de las tierras de Anenecuilco, se dará cuenta de que el problema fundamental de la mayor parte de la población mexicana lo constituía la propiedad de la tierra; con el lema que el partido liberal enarboló, "Tierra y Libertad", se lanza Zapata a la rebelión, portador de un deseo viril de reivindica­ción de sus propiedades.

En algunas regiones del país las rebeliones campesinas fue­ron muy graves como en Sonora y Quintana Roo, en los años de 1885-87 y en 1891-1892. La rebelión de Tomochic, na­rrada tan dramáticamente por Heriberto Frías, revela la an­gustia de un pueblo que se siente cercado y en trance de per­derlo todo. Ante ello, el sacrificio de la vida es la única salida.

Respecto a las condiciones de trabajo, a más de mencionar las largas jornadas de sol a sol, los bajos salarios, el endeuda­miento continuo, maltrato de capataces y mayordomos, el arraigo forzoso a la hacienda y la imposibilidad de movi­miento, el castigo impuesto a los que intentaban fugarse, la existencia de cárceles "tlapixqueras" en donde se encerraba a los remisos y rebeldes, la confabulación entre hacendados para que no huyeran los peones encasillados hacia otros lugares, las vejaciones continuas, la fragmentación de la familia por el en­ganche forzoso, "la leva" que se practicaba para integrar el ejército, males que algunas mentes conscientes señalaron como lacras del régimen, hay que señalar también el que se dio en algunos lugares, Oaxaca, Yucatán y Quintana Roo, la existencia de una condición servil, esclavista. Indios traslada­dos en masa desde el yaqui hasta el Valle Nacional, a los cam­pos henequeneros de la península yucateca, y con los cuales comerciaban políticos, hacendados en contubernio con nume­rosas autoridades.

Esa situación de gravedad extrema alar­mará las dormidas conciencias de los mexicanos, cuando va­rios extranjeros, entre otros John K. Turner reportero de The American Magazine, de Mexican Herald y colaborador de Rege­neración, el diario de los Flores Magón, denunció en un tono violento el restablecimiento de la esclavitud en México, la cual consideró más terrible y cruel que la existente en Siberia o en las colonias africanas. Su obra México bárbaro fue un "Yo acuso" sensacional. Su circulación en los Estados Unidos y en México mostraría una de las lacras sociales más graves del ré­gimen de Díaz.

La ceguedad de las autoridades, el círculo cerrado de adula­dores en torno del viejo dictador que no percibía ya los males del pueblo, de ese pueblo al cual había prometido tantas mejo­ras y tanto bienestar en su Plan de Tuxtepec, de ese pueblo que si lo admiró y apoyó, ahora le despreciaba, más aun le odiaba, pues pensaba que todo el mal venía de arriba, esa re­sistencia o imposibilidad de escuchar el sordo clamor de una nación, va a ser una de las causas fundamentales de la revolu­ción de 1910. No fue un pretexto político el que la originó, sino males sociales ancestrales que se trataron de suprimir.
 
Eso fue lo que grandes capas del pueblo comprendieron ocurría durante la administración de Díaz, y lo que las llevó, arrastradas por la desesperación, a concluir con un régimen que no les había escuchado.

Tales son a grandes rasgos algunos de los aspectos funda­mentales que ofrece la sociedad en las últimas décadas del si­glo XIX y los primeros años de 1900.

BIOGRAFÍA DE ELVIRA LÓPEZ RODRÍGUEZ.




Nació en el D.F. en 1949, sus padres fueron: SANTIAGO LÓPEZ CÓRDOBA, minero originario del Mineral el “Cubo” en el Estado de Guanajuato y BERNARDINA RODRÍGUEZ LEÓN, nacida en Venta de Carpio, Estado de México. 

Ingresó a la escuela primaria, Guadalupe Núñez y Parra, de 1954 a 1960.  La secundaria la realizó de 1961 a 1963 en la escuela pública no. 24, “Leona Vicario”, ubicada en la colonia Industrial –donde ella vivía- en la Delegación Gustavo A. Madero.

En 1963 ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria n° 1, en  San Idelfonso, donde estudió 2 años, cursando el último año en la recién inaugurada Preparatoria n° 9, ubicada en Insurgentes Norte. En estos años de bachiller Elvira descubrió la música que la acompañó toda su vida: el rock & roll. Grupos como The Beatles y The Rolling Stones así como los mexicanos Teen Tops, Los Rebeldes del Rock y los Hoolingans, entre otros, fueron sus fieles acompañantes en fiestas y bailes durante toda la década de los sesenta.

Ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras, de la UNAM, en el año de 1967, donde estudió la licenciatura en Historia. En su época de estudiante vivió el movimiento estudiantil de 1968, sufriendo en carne propia la incertidumbre de aquellos días. Algunos años después de terminar sus estudios universitarios, se tituló en 1976 como Licenciada en Historia.

Seis años antes, en 1971, ingresó a la planta docente del plantel Azcapotzalco, del Colegio de Ciencias y Humanidades.  Su ingresó fue dos meses después de que el Colegio abriera sus puertas, en sustitución del gran historiador AGUSTÍN CUÉ CÁNOVAS. 

Esto es de 1971 a 2010, ella colocó su labor académica en el centro de sus preocupaciones.  En esta tarea desarrolló funciones tan importantes, que participó en diversas instancias académicas: fue Consejera Académica; participó en múltiples comisiones, siempre asumió un carácter comprometido con la Universidad y el CCH.


¡ELVIRA, PERMANECES ENTRE NOSOTROS, SIEMPRE TE RECORDAMOS!
TUS CUATES Y ALUMNOS CCEACHEROS.

IMPORTANTE

Solicito a la brevedad a COORDINADORES de los equipos del texto de León Portilla, que DEBEN ENVIAR A LA BREVEDAD EN EL FORMATO, CALIFICACIONES DE SU EQUIPO. (DE CERO A DIEZ A CADA UNO).

Poesía

Poesía inspirada en el texto de Miguel León Portilla, Independencia, Reforma, Revolución ¿y los indios qué? UNAM, México, 2011, 124 pp.

Que me digas indio no me hiere,
que de tu boca salga la blasfemia de tu tierra,
que de mis logros crees imperios, 
que si tu patria que es tu madre no respetas, 
tu yugo natural te es indiferente.

Me duele tu sueño americano, mexicano,
Me duele por indio y por mi lucha,
Por mi sangre y por la de los míos, 

Que por mí no te preocupes, que de golpes yo he vivido,
de frijoles me he alimentado y de maíz he crecido 
Son los hijos de mi pueblo los que te ruegan su patria
por la que fuiste, eres y serás.

Recuerda la historia de tus pasos que en el color de piel llevas tatuado,
más que vida y muerte,
más que sangre y alma,
llevas toda mi vida, mi tierra y mi patria.


Adrianna Maldonado

LOS DIAGNÓSTICOS


hechos en clase: arrojaron que se requiere aprender y/o reforzar:

En los estudiantes:

Ø  Durante el curso, entre otros APRENDIZAJES: aprender a leer, exponer e investigar de manera general.
Ø  También lograr esos aprendizajes en forma individual y
Ø  Reaprender a trabajar en equipo.

Por lo cual para aprender a hacer o reforzar lo que se sabe hacer y elevar la calidad de los estudios de la enseñanza-aprendizaje de Historia de México, el proceso es: que los aprendizajes sean INDIVIDUALES, para que cada alumno pueda autodescubrir sus habilidades.  Paralelamente aprender a trabajar en EQUIPO, para llegar a mostrar ante todo el grupo los conocimientos ampliados.

Estudiar la Historia de México, exige:

ü  Ubicar qué es en general la Historia y en concreto esa parte que trata específicamente del proceso que ha seguido a través del tiempo el desarrollo socio-económico, político y geográfico de nuestro país.
ü  Practicar la Lectura de Textos Históricos.  Sintetizar, ilustrar y escribir lo aprendido, para posteriormente compartirlo.

Por lo cual el plan es, aprender:

Ø  Métodos de Estudio en la Historia de México.
Ø  Técnicas para avanzar en la realización de una investigación histórica.

INICIO: QUÉ ES LA HISTORIA.  Aprendiendo el oficio de cómo trabaja el Historiador. Aplicar tics y construyendo el “Aula Inteligente”.

En los equipos 1, 2, 4, 5, 6 y 7 la profesora ha elegido a las alumnas que abajo se mencionan, en virtud de haber mostrado que tienen propuestas y claridad, sobre el tema que expondrán.

La profesora ha elegido a la coordinadora general del trabajo, pues promete: cumplimiento, conocimiento previo, destrezas teórico-prácticas y manejo de Tics.

En los equipos 3 y 7, los o las participantes serán elegidas por el equipo o de manera voluntaria se autopropondrán para participar en esta tarea.  Se escuchan propuestas o autopropuestas:


“ EQUIPO
ELEGIDAS (OS)
COORDINADORA GENERAL
1
VARGAS MOYA KARLA LIZBETH (elegida por profesora)
CRUZ MARTÍNEZ VALERIA RENATA 
2
ESCOBAR JACOBO ESBEVDI  (elegida por profesora)

3


4
ROJAS VALENCIA ROSA ESTELA  (elegida por profesora)

5
TERRAZAS PÉREZ DIANA  (elegida por profesora)

6
CRUZ MARTÍNEZ VALERIA RENATA   (elegida por profesora)

7


8
GÓMEZ VARGAS MIRELY  (elegida por profesora)


SOLICITO A LOS INTEGRANTES DE LOS EQUIPOS 3 Y 7…  ELEGIR 1 COMPAÑERO, QUE PARTICIPARÁ EN ESTA ACTIVIDAD O ALGUIEN QUE SE AUTOPROPONGA.
  EL PRÓXIMO JUEVES 29 DE AGOSTO, LLEVO LOS MATERIALES PARA APOYAR EL BUEN RESULTADO DE ESTE EVENTO. SOLO PARA LOS 8 RESPONSABLES DE LA ACTIVIDAD.


TEMAS DE EXPOSICIÓN:

Qué es la Historia
Cómo estudiar la Historia General y la de México en particular. Ubicar lo global y lo cotidiano.
Para qué estudiar historia.
Parámetros de la historia.

MATERIAL: proporcionado por la profesora:

Ø  Programa Actualizado
Ø  5 esquemas
Ø  Trepat y Libro Amarillo:
Ø  Bajar de los blogs: Mario Carretero: Algunas Recetas para una Sabrosa Cocina de las Ciencias Sociales; Mario Benedetti. Primavera con una Esquina Rota. El Historiador. Ejercicio para que los alumnos elaboren su Árbol Genealógico.
Ø   Los que ellos ubiquen y propongan.

EVALUACION:

Elaboración previa de su trabajo en forma individual
Compromiso colectivo
Actitudes de integración.
Tolerancia
Iniciativa
Forma y originalidad en la EXPOSICIÓN.
Manejo de elementos innovadores en ella
Capacidad para mantener la atención e interés de los miembros de su equipo
Hacer que todos participen, con RESULTADOS:   Elaboración de su ARBOL GENEALÓGICO.  Aplicando el tema tratado.

EXPLICITACIÓN DE  aprendizaje profundo de la temática y claridad en las propuestas de aplicación concreta del tema.

Después de los ejercicios dejados desde la primera clase…

SOBRE LOS MÉTODOS Y TÉCNICAS DE ESTUDIO:

Se han diseñado dos estrategias:

1)    Una alrededor del video: Métodos y Técnicas de Estudio.  (en donde participará todo el grupo, el ejercicio es individual pues todos requieren adquirir el aprendizaje, para aplicarlo en todo el año escolar y quizá no solo en Historia, sino en todas las materias y en toda su vida escolar)
2)    Otra sobre el aprendizaje de las técnicas. Esta actividad se desarrollara en una clase, dentro del aula (estamos aprendiendo a construir el “Aula Inteligente”… lo practicaremos.

Para ponerlas en práctica, requiero que todo el grupo realice las siguientes actividades, para la clase de ayer:
Todos los alumnos sin excepción deberán traer en forma personal.- 100 tarjetas blancas con las medidas:
Por persona o por equipo traer: UN EJEMPLAR IMPRESO DEL PROGRAMA ACTUALIZADO DE MÉXICO I Y II.  En caso de que se decida traerlo por equipo, señalar NOMBRE de quién asumirá esa responsabilidad. (ya que no debe faltar. No hay justificaciones.
EL GRUPO: Deberá traer 1 caja de zapatos para todo el grupo. Señalar NOMBRE de quién asumirá esa responsabilidad.
Otra responsabilidad INDIVIDUAL, es de Hernández Monterrubio Ma Fernanda y Valencia Cerezo Alejandra, quienes reproducirán y harán llegar (en el menor tiempo posible) el Video “Métodos de Estudio” a todo el grupo, para que se vea y cada alumno lo transcriba. Entregue su trabajo escrito y lo aplique a partir de ello en todo el curso y todas las tareas que se dejen durante el mismo. 



Profesora Susana Huerta González.    Martes 27 de agosto de 2013.